La duplicación es central en la práctica de Lichtenstein. Al presentar obras de distintas etapas de su carrera, estas salas examinan la afirmación del artista de que el verdadero tema de su obra era la reproducción. Desde sus inicios, Lichtenstein obtuvo su repertorio visual de libros de cuentos ilustrados, pinturas sobre la historia de los Estados Unidos e historietas de temas militares. En la década de 1960, centró su atención en la cultura visual de la posguerra, en la que las imágenes circulaban rápidamente a través de cómics, periódicos, revistas y publicidad, así como postales de museos y libros de arte. Lichtenstein realizaba bocetos a partir de las imágenes seleccionadas, recortando, simplificando y ajustando las composiciones antes de ampliarlas con un proyector y transferirlas al lienzo. También desarrolló técnicas para imitar la regularidad de la reproducción mecánica de imágenes, incluyendo una serie de plantillas perforadas cada vez más sofisticadas por las cuales hacía pasar la pintura para simular los puntos Ben-Day.
No pasó mucho tiempo para que la propia obra de Lichtenstein fuera objeto de duplicación. Tanto Richard Pettibone como Sturtevant se apropiaron de las pinturas de Lichtenstein a mediados de la década de1960, llevando a otro nivel las mismas preguntas sobre autoría y originalidad que planteaba su arte. Por esa misma época, Lichtenstein comenzó a reimaginar las posibilidades de la duplicación, desplazando su atención de las imágenes a los patrones y explorando la serialidad a través de pinturas con múltiples partes.