Inspirado por una imagen de cómic en la que aparecía un pintor trabajando, Lichtenstein comenzó a transformar la pincelada en un signo gráfico a mediados de la década de 1960. El gesto del pintor, esa marca expresiva de los expresionistas abstractos como Lee Krasner y Willemde Kooning, había simbolizado la autenticidad y la autoexpresión durante mucho tiempo. Lichtenstein transformó las pinceladas y los goteos, manchas y salpicaduras asociados a ellas (al ampliarlas, delinearlas y representarlas con precisión aguda contra planos de puntos) en imágenes individuales y sustitutos lúdicos de la propia expresión pictórica. “Las pinceladas visibles en una pintura transmiten la sensación de un gran gesto”, explicó. “Pero en mis manos, la pincelada se convierte en una representación de un gran gesto”.
La pincelada, uno de los motivos más distintivos de Lichtenstein, aparece en sus pinturas, grabados, esculturas y murales a lo largo de su carrera, incluida la escultura monumental de 1988 instalada en la galería exterior de este piso. Aquí, una recreación de una de las cuatro paredes de su Mural de pincelada de la Universidad de Düsseldorf (1970) sirve de telón de fondo para varias pinturas de pinceladas de la década de 1960.Los espacios en blanco corresponden a puertas en el edificio original.
Este muro traza la trayectoria de una sola imagen, comenzando con una tira cómica publicada en un periódico. Lichtenstein aisló el panel final de la tira Steve Roper del 6 de agosto de 1961 del caricaturista William Overgard y lo convirtió en la pintura ¡Puedo ver toda la habitación! . . . ¡Y no hay nadie allí! ese mismo año. Poco después, la pintura llamó la atención del propio Overgard. Luego de leer en la revista Time un artículo de 1963 sobre arte pop, que señalaba que Lichtenstein no copió las tiras cómicas “exactamente”, escribió una carta al editor señalando el gran parecido entre la pintura de Lichtenstein (que en ese momento se exhibía en el Guggenheim Museum de Nueva York) y su cómic, y terminó con “muy halagador . . . ¿creo?”
Décadas después, la artista Louise Lawler volvió a reproducir la imagen cuando fotografió la pintura de Lichtenstein como parte de una serie que investigaba cómo el arte está sujeto a sistemas de circulación, redes de propiedad y condiciones de exhibición. Cuando Lawler tomó la foto en 1984, la obra de Lichtenstein (la primera de sus pinturas popen venderse) formaba parte de la colección de sus dueños originales, Emily Tremaine y Burton G. Tremaine Sr. Aún sin haber sido expuesta desde que ellos la vendieron en 1988, el legado de la pintura sigue escribiéndose. Con Eclipse (2021), Alex Da Corte reflexiona sobre su prolongada ausencia de la mirada pública, eliminando tanto la figura como el texto para dejar únicamente una apertura iluminada.