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Haciendo la Bienal 2022 del Whitney: una entrevista con los curadores

Los curadores de la Bienal del Whitney 2022 Adrienne Edwards y David Breslin. Fotografía por Bryan Derballa

La Bienal del Whitney ha mapeado el paisaje del arte americano, reflejando y delineando el diálogo cultural desde 1932. La octogésima edición de esta importante exhibición ha sido conjuntamente organizada por David Breslin, DeMartini Family Curator y Director de Iniciativas Curatoriales, y Adrienne Edwards, Engell Speyer Family Curator y Directora de Asuntos Curatoriales. Titulada Quiet as It’s Kept (Aunque nadie diga nada), la Bienal 2022 presenta un grupo de sesenta y seis artistas y colectivos intergeneracionales e interdisciplinarios, cuyos trabajos reflejan los desafíos, complejidades y posibilidades de la experiencia americana actual.

En víspera de la apertura de la Bienal 2022 el 6 de abril, Breslin y Edwards hacen un repaso de tres años de intensa colaboración, desafíos inesperados y su experiencia comunitaria con los artistas. Su profesionalismo, empatía personal y admiración mutua son inequívocas a lo largo de la conversación: Edwards elogió el tacto diplomático de Breslin; admira su riguroso intelecto y la aproximación directa con los artistas. Ambos comparten sus secretos y procesos para organizar un proyecto abrumadoramente intimidante. ¿Su principio rector? “Tiene que ser muy alocado”, un calificativo que calza bien a nuestros tiempos extraños y precarios.

¿Cuáles son algunas cosas memorables que sucedieron durante la organización de la Bienal? ¿Hubo alguna sorpresa?

David Breslin: Estábamos en el aeropuerto de Nueva Orleans, de regreso a Nueva York el 12 de marzo de 2020, cuando escuchamos la noticia de que podríamos ir al museo al día siguiente a recoger nuestras cosas. Luego Adrienne y yo no nos vimos por cinco meses. Pensé mucho sobre la idea de compresión en ese momento. Es difícil recordar incluso cuántas cosas han sucedido en estos tres años. Tu cuerpo lo siente, el trabajo lo va a sentir y espero que la exhibición lo refleje de esa manera, algo que tarda en florecer o es geológicamente como un terremoto, tiene su momento.

Además de todas estas cosas que sucedieron en el país, el aspecto memorable para mí ha sido la relación que desarrollé con Adrienne. Estar inmerso en un proceso como éste, donde comienzas como colega y te conviertes en amigo y familia a través del trabajo.

Adrienne Edwards: Casi nunca colaboro con alguien en la curaduría de proyectos, de manera que ha sido una experiencia increíblemente interesante y generosa para mí, la cantidad de cosas que he aprendido, lo que he crecido, la manera como me he expandido de tantas formas haciendo la exhibición con David. Es el regalo de lo que significa colaborar. Colaborar con artistas es parte de mi trabajo, es diferente cuando estás trabajando con otro colega. Siento a David como mi socio profesional en los próximos años. Estaremos dando vueltas para siempre hasta que vayamos a Jamaica, alternando entre la piscina y la playa, ¿sabes? Al menos es donde yo estaré.

Y recuerdo haber celebrado el cumpleaños de David en el verano de 2020, bailando sobre la mesa con su hermano . . .

David Breslin: ¡Hay un video!

¿Cómo comenzaron a elaborar juntos la lista de los artistas?

Adrienne Edwards: Al principio, fuimos a tomar unos tragos a un bar en Fort Greene. Yo tenía mi lista y David tenía la suya. No estaban para nada completas, pero había coincidencias considerables. Era un comienzo, una sensación de estar yendo en la misma dirección. David y yo estamos comprometidos con cosas muy similares en lo que respecta a nuestro trabajo como curadores y como académicos, a pesar de que podamos tener puntos de vista diferentes en algunos casos. Ambos estamos profundamente comprometidos con la historia. Esto ha caracterizado a la Bienal en gran medida.

David Breslin: En el bar, hablamos mucho sobre los artistas que ya no están con nosotros. Históricamente las bienales se han enfocado en artistas jóvenes y emergentes. Queríamos apartarnos de la idea de que esta exhibición era sólo una reunión de personas que habían trabajado durante estos últimos dos años. ¿Qué conexiones pueden establecerse para llevar a distintas generaciones a propiciar una conversación sobre cómo el pasado influye el presente, cómo el presente cambia y determina lo que puede ser el futuro, y cómo todo eso está interconectado?

Y cuando íbamos a los estudios había fantasmas en el ambiente, generaciones pasadas de artistas animando ideas en la obra, diferentes conexiones que hacen que esas ideas estén vivas. Así que pensamos, ¿por qué no puede haber artistas muertos si sus ideas están más vivas que nunca y el espíritu de su arte sigue estando presente?

Los curadores de la Bienal viajan juntos para visitas a sitios. Fotografía de David Breslin

¿Cuáles son algunas líneas transversales que guiaron su proceso?

David Breslin: Hay una frase que decíamos a menudo: “tiene que ser muy alocado”. Tiene que ser raro. Debe presionar algo. Tiene que ser auténtico y genuino para una mente aspiracionalmente alocada. La Bienal es una oportunidad para los artistas y los curadores de comprometerse con las ideas más convincentes, duras, interesantes, hermosamente esperanzadoras y contemporáneas de lo que el arte y la cultura significan ahora.

Adrienne Edwards: Decidimos llamar nuestra versión Quiet as It’s Kept (Aunque nadie diga nada). La frase es un coloquialismo que típicamente se dice ante algo que debe ser guardado en secreto. Lo tomamos de la primera frase de Toni Morrison The Bluest Eye. “Aunque nadie diga nada, en el otoño de 1941 no hubo caléndulas”. También es el título de un álbum de 1960 del baterista de jazz Max Roach. Y, notablemente, fue el título de una exhibición de arte abstracto que David Hammons organizó en Viena en 2002. Hammons estaba interesado en la habilidad de la abstracción de interpelar la experiencia vivida, un hilo conductor importante en nuestro pensamiento.

Soy una gran creyente de que los museos son espacios a donde venimos para maravillarnos: maravillarnos de la vida. La exhibición es una ocasión para conmovernos, dejarnos sorprender por algo. Cada persona que entra en una galería trae consigo un cúmulo de experiencias que colorean y determinan el encuentro con lo que está allí. De manera similar, los artistas vienen de pasados muy diferentes. Hay tantos artistas en esta exhibición como experiencias de vida distintas.

Durante la pandemia ¿cambió el proceso típico de una visita de estudio?

Adrienne Edwards: Pudimos viajar entre octubre y marzo. Fuimos a Los Ángeles y a las afueras de San Francisco; fuimos al norte de Nueva York y al oeste de Massachusetts; a Miami; Dallas, Houston y Fort Worth; y Nueva Orleans. La mañana en que regresamos a Nueva York, despertamos en un mundo muy distinto. Después de eso, nos planteamos cómo mantener el momentum de la exhibición.

Una de las cosas sorprendentes de ese giro que nadie pudo haber anticipado fue que éramos vulnerables, estábamos tratando de resolver nuestra situación personal y los artistas también eran vulnerables. La naturaleza dinámica de nuestra conversación con ellos se tornó diferente. No preguntábamos, “¿Cuánto tiempo has estado en este estudio?” Era más bien “¿Cómo estás? ¿Cómo está tu familia? ¿Estás bien?” Por eso, con frecuencia tuvimos que hacer múltiples entrevistas o conversaciones porque nos tomaba mucho tiempo ponernos al día. Eso creó un punto de partida diferente que condujo a un tipo de intimidad más profunda.

David Breslin: A veces viajar a una ciudad para ver a un artista puede traer coincidencias azarosas y sorpresas. Pero también significa que el trabajo está hecho luego de una visita. Uno no regresa. Cuando todo se hizo virtual, teníamos que estar constantemente en contacto con los artistas. Había que ir al grano, la gente estaba muy vulnerable y con los sentimientos a flor de piel. Podías sentir su fragilidad. Es difícil hacerse una idea de una obra de arte cuando la ves en pantalla. Teníamos que confiar más en la palabra de la gente, pero también nos dimos cuenta que las palabras no bastan cuando se trata del arte.

Adicionalmente, cada encuentro y cada visita de estudio virtual la hicimos juntos. Eso es algo que decidimos desde un principio.

Adrienne Edwards visitando el estudio de un artista. Fotografía de David Breslin

¿Qué clase de experiencia quieren que tenga el visitante en esta exhibición?

David Breslin: Una cosa que decidimos fue que las dos plantas principales de la exposición se percibieran completamente diferente una de la otra para resaltar la polaridad del momento. El quinto piso es abierto, ligero, no tiene una arquitectura permanente. Queremos que se sienta amplio, precario, tal vez esperanzador, tal vez no. El sexto piso es más como un laberinto: muros oscuros, un espacio donde el espectador se deja guiar. Tiene una intimidad distinta.

La idea de activación, cambio o metabolismo, que la exhibición tenga vida propia, también fue parte de nuestra intención desde un comienzo. La exposición que vas a ver en abril va a ser completamente distinta de la que verás en julio o agosto. Por ejemplo, la obra de Alex Da Corte ROY G BIV va a cambiar con el tiempo. El hermano del artista va a venir en distintos momentos de la exhibición y va a pintar el cubo con un color diferente.

Es el reflejo de la conversación que estamos teniendo y la obra de arte que estamos viendo. Era como una responsabilidad de nosotros como Museo de resolver cómo se percibe el cambio o la precariedad, y no dejar esa responsabilidad sólo al artista.

Adrienne Edwards: Este tipo de evolución intenta trasmitir los tiempos en que vivimos: precarios, fluidos, inestables, pero también dinámicos, una sensación de tiempo suspendido.

Otra cosa que fue realmente importante desde un inicio es que la exposición fuese interdisciplinaria. Queremos mostrar la gama de formas con que trabajan los artistas. Así que si hay un montón de, digamos, pinturas y esculturas, muchos de esos pintores y escultores también trabajan con diferentes medios. Hacen cine, o componen partituras para performances. Este modo abigarrado de crear y pensar, estaba presente en varios de los artistas con los que hablamos y que seleccionamos para la exhibición.

Era importante para nosotros mapear, de una manera intergeneracional, a los artistas que cuestionan la identidad y que usan formas creativas que son tal vez sorprendentes o inesperadas, que se sienten cómodos con la falta de certeza en torno a cuestiones de representación, cuestiones de pertenencia. Se sienten bien dejando abiertos estos aspectos, permitiendo así la multiplicidad inherente al ser. Queremos mostrar el feroz sentido crítico y la sensibilidad a la apertura radical.

Ralph Lemon es conocido principalmente como coreógrafo, pero él mismo se describe como conceptualista. Ralph ha hecho dibujos por más de veinticinco años. Nunca se habían mostrado reunidos y aquí los presentamos.

¿Tienen algún consejo para los curadores de la próxima Bienal?

Adrienne Edwards: Crear esta exposición no es un hecho aislado. Es un reflejo nuestro, de los tiempos y del contexto, así como las condiciones en las cuales la hicimos. Pero también hay una profunda y rica historia institucional a la cual debemos referirnos, debemos investigarla, considerarla y contemplarla. A diferencia de otras bienales, ésta está vinculada a un museo que colecciona. Esta exhibición es una oportunidad para dar forma y determinar el futuro del Whitney: cuáles son nuestras prioridades, las exhibiciones que vendrán después. Dicho esto, asegúrense de romper ciertas reglas.

David Breslin: Como cualquier curador responsable de una bienal, uno hace una ronda de consultas con la gente que estuvo antes que tú, para tratar de sacar algunas lecciones o evitar errores. Así que me voy a referir a un consejo que tomamos de Elisabeth Sussman y Thelma Golden: tienes que hacer la exhibición que tú quieres hacer. Al final del día, la gente la va a amar u odiar. Si tienes la suerte de tener a alguien que realmente admiras y aprecias trabajando contigo, ese será el proyecto más memorable de tu carrera. Es muy loco pensar en eso, ¡pero estoy listo para retirarme después de esto!

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