Whitney Biennial 2022: Quiet As It's Kept

2022

Transcription: Monitor A: Andrew Roberts, La horda (The horde), 2020

Running Time: 00:03:00-04:00

Speaker: Contemplaré el fin del mundo, tranquilo.

Desde mi silla Acapulco.

Lo pienso bello, con explosivos colores en el cielo

Armónicos, en una sinfonía instrumental que calle gritos

Llantos y balazos

¿Qué género cinematográfico será el apocalipsis a la mexicana?

Sexi comedia, o comedia romántica.

Ojalá sea producida por un gringo.

Un fin del mundo certificado primer mundo.

Es lo último que pido.

No quiero zombi, ni indígenas. 

Alienígenas, ni migrantes.

Vampiros, ni provincianos.

Quiero a mi Diego Luna.

Luchando contra el Mictlān, bajo la cobija de Nétflix.

Grabado sí se puede en el mero centro de Bellas Artes.

Precioso mesías mexicano.

No quiero monstruos, ni mancos.

Ni mucho menos demonios o maricones como héroes.

Mi fin del mundo será hermoso.

Digno de la época de oro.

Pedro Infante salvará la noche.

Y Diego Rivera le pintará laureles.

Verdadera identidad post apocalíptica, neo mexicana.

Contemplaré el fin del mundo, tranquilo.

Desde mi silla Acapulco.

No quedará lugar en la sangre, ni para la mugre.

Un final desinfectado.  

Donde las calles, los edificios, las ropas, las pieles, y la bandera se teñirán de blanco.

¿Qué banda sonora musicalizará los últimos días en territorio mexicano? 

No quiero Reggaetón ni Rock en español.

Y ni se bandas sureñas o norteña.

Aquí sonará Spotify en versión de prueba. Con anuncios comerciales en inglés.

Un fin del mundo a la antigua. Con valores familiares. Con papá y mamá.

En ese orden.

Sin androides. Ni mendigos.

Sin fantasmas, ni ansianos.

Sin duendes o niños enfermizos.

Con mis hijos, y sus hijos arrullados por Nintendo.

Recluidos de toda desgracia humana.

El fin de los tiempos moldeado tras los héroes de Marvel y las princesas de Disney.

Sin pantanos de petróleo.

Sin campos infértiles.

Sin mares muertos.

Sin pestes del tercer mundo.

Con el agua y la carne heredada para nosotros.

Por nosotros.

Los fieles a su imagen de silicio. 

Contemplaré el fin del mundo.

Tranquilo, desde mi silla Acapulco.

Y con un celular en mi mano, transmitiré en vivo el último impacto.

Pues la extinción de la vida sobre la tierra,

Habrá sido obra mía.

¿Qué es el zombi sino el temor a nuestra propia carne? 

El temor a vernos desposeídos de cuerpo y voluntad.

Como asesinos, sin raciocinio, autómatas, drones.

De una mente raptada que busca propagar su infecciosa.

O como las víctimas.

Una pila de órganos y huesos,

Molidos e irreconocibles sobre el caliente pavimento.

El horror frente a lo desconocido.

A desconocernos en el otro.

Aquel que mata o que muere.

Que pierde su rostro en la masa.

Uniforme de torsos, brazos, manos, piernas, pies y cabezas.

Miembros separados el uno del otro.

Desmembrados entes flotantes. 

Extraídos de una película gore.

Materializados realidad por el pánico.

A que la sangre secuestre lo último de nuestra purulenta humanidad.

Los muertos levantados de la tumba no desean.

Necesitan, sobreviven

Como por instinto, sin erotismo hacia la carne.

La devoran, sin más.

Nosotros contra ellos.

Los salvajes, sin murallas morales que separen su apetito voraz de las necesidades más básicas.

Rampantes frente a todo.

¿Por qué nos tememos salvajes?

¿Por qué nos horrorizamos en el otro?

Nuestro hogar, un refugio en ruinas.

Con barrotes de madera amurallante.

Las ventanas que mantienen la distancia, entre aquellos monstruos de afuera.

Y la posibilidad de vernos consumidos hasta la nada por una horda de resucitados.

No más propiedad privada.

Nuestro terreno, cuerpo,

E incluso miedo será insumo público.

Esconder a tus padres,

Pareja, y mascota, porque las tierras ahora pertenecen a los muertos.

El pavor frente a la locura inhóspita de la última lata de embutido.

Caduca, disponible, y que tendrás que arrebatarle de las manos a un viejo moribundo apara tu supervivencia.

El asco a la peste y a la hambruna que sortearás en las calles que con familiaridad habitaste. 

Y que ahora son testigo de tu propia crueldad.

La nueva economía, donde los metales pesan y los billetes se incineran, porque ver el siguiente amanecer es la divisa de mayor valor.

La cobardía cuando la enfermedad comience a recorrer tus venas y se haga de tu cabeza.

parásito, bicho migrante se alimentará de tu cerebro y hará de tu cuerpo un caparazón.

Entre convulsiones y espasmos tomarán el asiento de copiloto.

Y con tus ojos como pantallas contemplarás la secuela de tu no vida.

Matarás y comerás sin importar tu decisión.

¿Qué es el zombi, sino el temor a perder el control sobre nuestro propio cuerpo?

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On the Hour

A 30-second online art project:
Frank WANG Yefeng, The Levitating Perils #2

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