A medida que su salud comenzó a deteriorarse durante las últimas décadas de su carrera, la obra de Evans se volvió cada vez más religiosa. Representaba su visión de un paraíso en la tierra, libre de sufrimiento y pecado, gobernado por Cristo. Como ella misma dijo una vez, "Amo pensar en ello, en la Nueva Jerusalén". Estas obras tardías dan fe de la importancia recurrente que los sueños y las visiones tuvieron en su proceso creativo, "Durante toda mi vida fui una gran soñadora", recordo Evans. "Toda mi vida no fue nada más que sueños."
Sin título (Ángel con centauros y criaturas), 1978 Un sueño—Nov. 1968, 1980
En el Nuevo Testamento, Jesús es representado como el León de Judá, el rey conquistador que cumple la promesa de Dios de redimir a la humanidad. Durante la vida de Evans, el León de Judá estaba íntimamente relacionado con la identidad negra a nivel internacional y se vinculaba al emperador de Etiopía Haile Selassie, defensor y símbolo de la liberación de los pueblos afrodescendientes alrededor del mundo.