Estudios del artista de Lichtenstein, inspirados en parte por El estudio rojo (1911) de Henri Matisse, presentan interiores ficticios donde las imágenes y motivos recurrentes a lo largo de su práctica son removidos de sus contextos originales, reacomodados y colocados para establecer nuevas relaciones. Estas pinturas de gran formato, que ofrecen una interpretación lúdica del tradicional recurso artístico del interior de un estudio, están repletas de reproducciones de obras icónicas e imágenes reelaboradas a partir de obras menos conocidas o bocetos, y paráfrasis de patrones y detalles. En estos escenarios imaginados, las obras de arte aparecen como imágenes en las paredes, superficies decorativas y objetos entre objetos.
Los Estudios del artista también funcionaron como un campo de experimentación, donde Lichtenstein podía probar sus ideas antes de comprometerse completamente con ellas. El resultado es un mundo de arte dentro del arte, en donde el estudio no es tanto un lugar privado de trabajo sino un espacio en el que se reinventan imágenes que ya estaban en circulación. Esta sala sirve como un archivo visual, y establece un diálogo entre varios de los Estudios del artista de Lichtenstein y las pinturas, dibujos y demás imágenes a las que hacen referencia o reinterpretan.