En varios momentos de su carrera, Lichtenstein amplió su repertorio visual a una escala arquitectónica mediante murales. En 1983, el artista y un equipo de asistentes pintaron el Mural de la calle Greene en la pared posterior de la nueva galería de Leo Castelli en la calle Greene en SoHo, localizada en el primer piso de un espacioso edificio que antes era industrial. El mural funciona como una retrospectiva del universo de las imágenes de Lichtenstein y reúne motivos que el artista utilizó a lo largo de su carrera en una composición continua, aunque la obra no puede verse en su totalidad desde un solo punto de vista.
La versión pintada a mano en la pared de enfrente representa la cuarta vez que este mural ha sido presentado. Los bocetos preparatorios del artista expuestos aquí, permiten comprender cómo desarrolló y organizó este vasto campo de signos, mientras que las vitrinas integradas en el mural exhiben fotografías, maquetas y otros materiales que demuestran cómo Lichtenstein plasmó sus ideas tanto en tres como en dos dimensiones. Si bien la obra original fue concebida intencionalmente como una pieza temporal y posteriormente destruida, sus múltiples recreaciones subrayan la perdurabilidad de las imágenes de Lichtenstein.