Pocos artistas estadounidenses han marcado tan profundamente la cultura visual moderna como Andy Warhol (1928–1987), cuya experimentación con los medios de comunicación masiva ayudaron a definir lo que significa ser un artista en una era saturada de imágenes. La fotografía fue central para la filosofía de Warhol y en su obsesión con la autorrepresentación. Cargaba la cámara consigo a donde fuera, tomando cientos de miles de fotos durante su carrera. Warhol adquirió su primera cámara Polaroid a mediados de los sesenta y para principios de los setenta se convertiría en su principal herramienta de trabajo, tanto la Big Shot, ideal para close-ups con su lente fijo y flash luminoso, como la más versátil SX-70. Esta tecnología fue instrumental para su proceso, formando las primeras etapas de sus retratos en serigrafía comisionados y un modo a través del cual podía documentar su entorno compulsivamente, tomando su propia vida como material.
Andy Warhol Álbum de familia presenta una colección de Polaroids de 1972 a 1973, que capturan el mundo inmediato de colaboradores, celebridades y amigos de Warhol. Estas fotografías provienen de uno de los seis álbumes Holson que contienen cientos de instantáneas que Warhol guardaba como archivo personal y que nombró así por el tipo de producto genérico de la marca: “álbum de familia”. Juntas, estas imágenes, que abarcan desde retratos posados y fotos espontáneas de invitados que frecuentaban su casa en Montauk, Long Island, hasta documentación de sus viajes a Europa e incluso fotografías de su perro Archie, ofrecen una mirada variada de la vida cotidiana de Warhol.