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La Vigilia Después de María: Arte Puertorriqueño, 2017–2022

Marcela Guerrero, Jennifer Rubio Associate Curator

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No existe un mundo poshuracán: Puerto Rican Art in the Wake of Hurricane Maria se exhibirá al público en el Whitney del 23 de noviembre de 2022 al 23 abril de 2023.

Mari Blanca Robles López, Untitled, 2018. Imagen digital. Colección de la artista. © Mari Blanca Robles López

Hay huracanes que arrasan un país y
hay países que se tragan los
huracanes . . . y los devuelven.
—Ana Teresa Toro

Sobrevivir es un acto creativo.Ana Teresa Toro (@altisidora), “Hay huracanes,” Instagram, 20 de julio de 2019; “Poet Ocean Vuong Sifts through the Aftershock of Grief in ‘Time Is a Mother,’” entrevista por Tonya Mosley, Fresh Air, NPR, 5 de abril de 2022, audio, 13:51.
—Ocean Vuong

De alguna manera, dar a luz es lo opuesto a un apagón. Mi hija nació en un hospital de la ciudad de Nueva York un mes antes de que el huracán María tocara tierra el 20 de septiembre de 2017. Estábamos lejos de Río Piedras, mi ciudad natal, pero me alegraba que ella comenzara su vida en una ciudad con vínculos estrechos con la nación de donde soy. Apenas un mes entrada en la maternidad, vi al archipiélago caer en una oscuridad tan literal como metafórica. La ironía era clara: mientras yo amamantaba a mi niña en sus primeros días, muchas otras vidas puertorriqueñas se perdían a causa de la tormenta.

La vida no sería la misma, dice el aforismo. Aunque puede ser cierto, en Puerto Rico la vida ya había sido alterada en muchas ocasiones a lo largo de la historia. El acontecimiento transformador más reciente había ocurrido en 2015, cuando se hizo público que Puerto Rico tenía una deuda inmensa y era incapaz de pagar $72 mil millones de dólares, más $50 mil millones en obligaciones de pensiones. Debido al vencimiento de las exenciones fiscales para corporaciones estadounidenses que operaban en Puerto Rico y a la fuerte recesión económica que azotó a los Estados Unidos a partir de 2007, se perdieron cientos de miles de empleos, especialmente en las fábricas de las compañías farmacéuticas establecidas en el archipiélago. En 2016, el Congreso de los Estados Unidos aprobó la Ley para la Supervisión, Administración y Estabilidad Económica de Puerto Rico, irónicamente llamada PROMESA por sus siglas en inglés. La ley impuso una junta de supervisión fiscal para administrar la deuda, en gran parte a través de medidas de austeridad que arrasarían con los servicios públicos, como la educación, la infraestructura y la salud. Mediante un astuto giro lingüístico, las y los puertorriqueños le llaman simplemente “La Junta”. Esta traducción precisa de la palabra “board” también deja saber al Congreso que estos supervisores son realmente vistos en Puerto Rico como una versión colonial de las juntas militares latinoamericanas de las décadas de 1960 y 1970.

Ante este perverso trasfondo, el huracán María tocó tierra en el 2017. Las crisis que se habían ido acumulando, se agravaron con los eventos posteriores y luego se multiplicaron a causa del trauma provocado por la negligencia de los gobiernos local y federal, incapaces de brindar una vida digna a las y los puertorriqueños. Todavía en 2022 hay apagones constantes, continúan cerrando escuelas, el alza en el costo de vivienda impulsa a los residentes a abandonar sus hogares y la inflación continúa en aumento. Algunas personas afirman que las condiciones de vida en Puerto Rico hacen que el vivir allí resulte imposible. Muchos pensadores puertorriqueños describen al archipiélago post-María como una necrópolis, una ciudad de muertos.

Graffiti en una pared en San Juan (“Nos matan”), 2021. Fotografía cortesía de Joaquín Villanueva

El necropoder, una extensión del pensamiento postcolonial de Frantz Fanon, fue teorizado por primera vez por el filósofo camerunés Achille Mbembe como una condición fundamental del colonialismo.Achille Mbembe, Necropolitics, trad. Steve Corcoran (Durham, NC: Duke University Press, 2019).En la necropolítica, los países soberanos tienen el poder de definir las condiciones de vida y muerte de sus subalternos. Hilda Lloréns y Maritza Stanchich han adaptado el concepto en relación a Puerto Rico: “El enfoque en el pago de la deuda por encima de la protección de las vidas y el medio ambiente en Puerto Rico ilustra la naturaleza extractivista y explotadora de la relación colonial en sí misma (...) La perpetración de la 'violencia lenta' (slow violence) a través de políticas neoliberales que incrementan el desposeimiento en vías de la pérdida de vidas, tierras y salud ambiental, mientras el capital financiero mundial continúa acumulando riquezas a expensas de las comunidades de Puerto Rico, ha tratado durante mucho tiempo a las vidas puertorriqueñas como prescindibles”.Hilda Lloréns y Maritza Stanchich, “Water Is Life, but the Colony Is a Necropolis: Environmental Terrains of Struggle in Puerto Rico,” Cultural Dynamics 31, nums. 1–2 (febrero–mayo 2019): 92.El modus operandi es sobrevivir a la muerte.

Por más implacables y debilitantes que se sientan a veces estas fuerzas, las y los puertorriqueños resisten continuamente su propia desaparición. En el 2019, debido a una combinación única de valentía y desesperanza producida por más de 500 años de colonización, el pueblo decidió imaginar un destino diferente para sí mismo y para las 4,645 vidas puertorriqueñas que se perdieron a consecuencia del huracán. Ese verano, masas eufóricas y jubilosas se enfrentaron y sacaron del poder al entonces gobernador Ricardo Rosselló. El llamado “Verano del 19” fue una victoria histórica para la nación.

La destitución demostró la capacidad de las personas de derrotar a un político incompetente, cuya inmoralidad había quedado expuesta en una filtración de mensajes de Telegram donde él y sus compinches atacaban brutalmente a casi todos los sectores de la población, incluyendo a las víctimas del huracán. Este triunfo implicó un punto de no retorno, un rechazo rotundo a la impotencia. El grito viral de #YoNoMeDejo resonó alrededor del mundo.A continuación, algunos ejemplos de artículos noticiosos en medios internacionales que dieron cobertura a los eventos del Verano del 19: Reuters, “Protesters Hit Streets, Seek Resignation of Puerto Rico’s Governor” [Las protestas invaden las calles, piden la renuncia del gobernador de Puerto Rico], Saudi Gazette, 22 de julio de 2019; Reuters, “San Juan Police Fire Tear Gas to Disperse Protesters” [La policía de San Juan lanza gases lacrimógenos para dispersar a manifestantes], Japan Times, 23 de julio, 2019; y Nicolas Bourcier, “Le gouverneur de Porto Rico démissionne, après deux semaines de manifestations” [Renuncia gobernador de Puerto Rico tras dos semanas de protestas], Le Monde, 25 de julio, 2019.Al son de una catarsis colectiva, las protestas del Verano del 19 se manifestaron de innumerables maneras creativas, produciendo imágenes que ofrecían un emocionante contrapunto a los tropos de la nación vacía perpetuados por los medios después del huracán.

Protestas cierran acceso en la autopista Expreso Las Américas, San Juan, julio de 2019. Fotografía cortesía de Marcos Caballero

Estas protestas fueron un despliegue estético en la misma medida que fueron un intento por reconstruir la nación. Grupos, principalmente feministas y queer, así como personas negras, afrodescendientes y de clase trabajadora, fueron los arquitectos de ese verano dichoso, donde el perreo combativo frente a la Catedral de San Juan Bautista convivió junto a una cabalgata por el Capitolio y la Fortaleza (la mansión del gobernador) y sesiones de yoga que pedían serenamente la renuncia de Rosselló.Charo Henr.quez, “Puerto Rico Protests Got Creative: Dancing, Singing, Diving . . . ” [Las protestas en Puerto Rico se volvieron creativas: bailar, cantar, bucear. . .], New York Times, 24 de julio de 2019.Una mirada panorámica de esos días nos brinda una imagen de un velorio nacional en honor a los muertos.

Pero aunque el Verano del 19 sacudió las bases políticas de Puerto Rico, los acontecimientos que le siguieron volvieron a poner a prueba al archipiélago. Seis meses después de la renuncia de Rosselló, un enjambre sísmico derribó casas y escuelas en la costa suroeste, dejando destrucción a su paso y reemplazando la alegría y la esperanza del verano con un nuevo temor. Casi al mismo tiempo, un alza en feminicidios, asesinatos transfóbicos y casos de violencia intrafamiliar se convirtió en otra emergencia de salud pública. Luego llegó la pandemia. A pesar del estricto confinamiento que se impuso durante las primeras semanas de la emergencia de COVID-19, la falta de transparencia por parte del gobierno de Puerto Rico, sumada a los intereses privados de los políticos que deseaban abrir la economía en año electoral, dejaron a la población nuevamente desinformada y peor aún, abatida.

No existe un mundo poshuracán: Arte puertorriqueño después del huracán María toma su título prestado de un verso del libro while they sleep (under the bed is another country) [mientras duermen (hay otro país bajo la cama)] de Raquel Salas Rivera.Raquel Salas Rivera, while they sleep (under the bed is another country) (Minneapolis, MN: Birds, LLC, 2019).El verso se resiste a la traducción al inglés, pero esta particularidad resulta productiva para propósitos de esta exhibición. Contenido en la sintaxis torpe de traducciones inexactas (“A posthurricane world doesn’t exist” o “There isn’t a world posthurricane”) hallamos un reacomodo del orden global que nunca consideró a Puerto Rico como un ejemplo para el resto del mundo. El Puerto Rico post-María es un presagio de los tiempos por venir para las personas más vulnerables, no sólo en el Caribe sino a nivel mundial. No existe un solo lugar en el planeta que esté a salvo de los estragos de la crisis climática o de la colonización capitalista. No existe un mundo poshuracán.

Una carretera destruida al oeste de San Juan después del huracán María, septiembre de 2017. © Associated Press. Fotografía cortesía de Carlos Giusti/Associated Press

Dicho de otro modo, ¿qué requiere imaginar el futuro más allá de la vorágine actual? No existe un mundo poshuracán lucha con el hecho de que el verdadero desastre es la idea de su posible perpetuidad, creer que las y los puertorriqueños están confinados para siempre en las secuelas de María. Inspirada por un profundo respeto al trabajo de Christina Sharpe, convoco a estas secuelas como una manera de plantear múltiples significados.Christina Sharpe, In the Wake: On Blackness and Being (Durham, NC: Duke University Press, 2016).El huracán María no ocurrió en un vacío; sucedió en y a una nación que arrastra los vestigios de la colonización española como parte de su historia, seguida del proyecto colonial estadounidense. En términos metafóricos, el Puerto Rico del presente es como los restos y desechos del naufragio de esta doble colonización. Quienes sobrevivieron la tormenta, se dieron cuenta rápidamente de que las secuelas serían una eterna vigilia para quienes no sobrevivieron. En este sentido, su rastro implica ser incapaz de trascender el momento, las crisis y catástrofes del presente, sin la carga, por un lado, de las medidas draconianas de austeridad y, por el otro, la inyección de lucrativas exenciones tributarias para extranjeros. No poder imaginar un contexto poshuracán impide la posibilidad de construir un Puerto Rico por y para las y los puertorriqueños. Que no quede duda, esto también es una forma de muerte colonial.

Sin embargo, hay otra manera de comprender no existe un mundo poshuracán, que no niega ni pone en duda el sentido real de angustia y derrota, y al mismo tiempo sublima estos sentimientos en lo que Yarimar Bonilla llama “pesimismo esperanzador” (hopeful pessimism). “Contrario a un optimismo cruel que nos ciega ante las amenazas del presente”, argumenta Bonilla, “el pesimismo esperanzador te abre los ojos ante las tareas difíciles que se requieren para transformar el aquí y ahora.”Yarimar Bonilla, “Postdisaster Futures: Hopeful Pessimism, Imperial Ruination, and La futura cuir,” Small Axe 62 (vol. 24, num. 2) (julio 2020): 157.Vista a través del lente del pesimismo esperanzador, no existe un mundo poshuracán rechaza rotundamente este mundo en favor de la creación de nuevos modos de existir políticamente. Al ser un verso de un poema concebido justo después del paso del huracán María, la frase de Salas Rivera apuesta a que las y los artistas sean los encargados de imaginar este nuevo futuro.

No existe un mundo poshuracán reúne obras creadas durante los pasados cinco años por un grupo intergeneracional de artistas nacidos en Puerto Rico y su diáspora entre las décadas de 1940 y 1990. Estos artistas no están particularmente interesados en representar el huracán María. Más bien, buscan analizar los quiebres estructurales que dejó la tormenta tras su paso y denuncian las maneras ubicuas y generalizadas en que la necrópolis de Puerto Rico es la expresión máxima de su colonización. Para ellos, resistir es un verbo multidimensional y multimedia que sacude enérgicamente la infraestructura del diseño colonial.

El contraste entre las imágenes del huracán María que impulsaron los medios en el exterior y las imágenes del Verano del 19 sugiere que el discurso visual de Puerto Rico va mucho más allá de las representaciones de la destrucción. En los años posteriores a María, artistas de todas las disciplinas han matizado las palabras de los políticos y la cobertura mediática, intentando resanar una herida que había sido despojada de toda poética. El torrente de expresión creativa que ha proliferado en estos años, que incluye música, performance, teatro, poesía, diseño gráfico, artes visuales y hasta memes, se puede describir con precisión como un renacimiento puertorriqueño de cara a la muerte. Esta exhibición examina las formas líricas en que el arte puede ser a la vez vehículo de denuncia y un agente de cambio. 

Esta es una traducción al español de un fragmento del ensayo de Marcela Guerrero titulado "La Vigilia Después de María: Arte Puertorriqueño, 2017–2022" del catálogo de la exposición existe un mundo poshuracán: Puerto Rican Art in the Wake of Hurricane Maria.

Sunrise

Sunset

A 30-second online art project:
Sara Ludy, Tumbleweeds

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