An Incomplete History of Protest

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Daniel Joseph Martinez (b. 1957), Divine Violence, 2007 (installation view, Whitney Museum of American Art). Automotive paint on wooden panels, 153 x 275 x 187 in. (388.6 x 698.5 x 475 cm). Whitney Museum of American Art, New York; purchase with funds from the Painting and Sculpture Committee, with additional funds from Neil Bluhm, Melva Bucksbaum, Philip Geier, Jr., Nicki Harris, Allison Kanders and Pamela Sanders 2008.289a-d. Photograph by Ron Amstutz


Narrator: Daniel Joseph Martinez.

Daniel Joseph Martinez: Son observaciones o monumentos de los sucesos más destacados ocurridos en la última gran visita.

Este es un mundo de cadáveres desparramados por las calles y los campos; sin embargo, en el carro de la muerte, el músico borracho se despierta y grita: “pero yo no estoy muerto, ¿o sí?”.

He entrado en un alivio de la digresión, de alguien que se escapa, de alguien que esquiva esta claustrofobia impuesta y conquista el miedo a través de la pura desesperación, o la malicia, o la cobardía, o una suerte de heroísmo épico.

Discúlpeme, pero en los últimos veinte años hemos visto a Estados Unidos transformarse hasta quedar completamente irreconocible. En cualquier caso, ningún movimiento guerrillero puede derrocar a un gobierno; lo que sí puede hacer es crear una especie de caos que favorezca el cambio radical.

Lo único que puedo decir es que, en la historia, las armas más poderosas han sido siempre las formas de conciencia nuevas y que toda revolución fundamental ha resultado de una evolución.

Parecemos estar esperando algún tipo de catástrofe en la que proyectarnos. Pero cuidado, que la locura es una realidad, no una perversión. Yo soy solo una obsesión, no me hablen, o no me conozcan. ¿Creen que existo?

Quizás vean en su pequeña boca la sangre marchita del coral; en su sombra de ojos, árboles de palma embriagados de sol. Otro hombre saca la pierna por la ventana, con aspecto desorientado, como un lunático, con las palmas de las manos alzadas golpeando el aire, con espuma en la boca. ¡Cabrones! ¡Me han robado!

Así que, ahora que todas las atenuaciones han disminuido y no queda nada por esconder, qué rápido se ha hecho evidente que la infección se ha propagado sin remedio.

Alguien, en algún lugar, ha atado la oscuridad, sabemos por qué estamos aquí. Es debido a nuestra afinidad por la desobediencia.